O cómo una visita a casa de tu cuñada te soluciona un problema que arrastras hace meses.

Pues sí. Así fue. En un subir y bajar de Jorge a casa de su hermana. ¿Quién me iba a decir a mí que aquellos 5 minutos esperando, dentro del coche en doble fila serían, tan provechosos?

Llevábamos meses intentando ponernos a lijar y pintar una cómoda recuperada de la habitación de niño de Jorge.  Y por una cosa o por otra, o … por las pocas ganas de llenar la casa de polvo, aquel mueble seguía allí, triste,  con su color abedul,  al lado de un armario ropero nuevo, blanco con el que no combinaba nada. Como el patito feo que no encuentra su lugar entre el resto de patitos blancos, aquella cómoda buscaba parecerse a sus compañeros de cuarto. Era entrar en él,  y sentir cómo te pedía a gritos un blanqueamiento para dejar de sentirse sola.  Y de repente, descubrimos la pintura a la tiza, o chalk paint.  ¡Qué descubrimiento!

Para los que como nosotros, no hayáis oido hablar nunca de ella, se trata de un pintura con la que no es necesario lijar ni decapar el mueble para poder pintar. Aunque, eso sí,  recomiendan pasar una lija muy fina para igualar las imperfecciones que pueda tener la pieza. Y a partir de ahí… ¡a pintar! Es increíble lo fácil que resulta. Lo rápido que seca, aunque también podemos pedir ayuda a un secador de pelo. El resultado parece una tiza tallada.  Para darle un resultado satinado, y no tan mate, puedes aplicarle una cera de acabado que además protege el mueble de los pequeños golpes. Este al tener cajones es muy posible que se lleve más de uno al abrir y cerrar. Otra opción sería dejarle un aspecto envejecido, bien lijando suavemente los bordes o aplicando puntualmente betún de judea o algún brochazo de barniz.

¡Objetivo cumplido!  La cómoda ahora además de serlo, lo está. Se la ve féliz al lado de su compañero. Pero a nosotros… nos quedaba pintura….Así que empezamos a dar vueltas por la casa buscando una nueva víctima, como Jack “el destripador” por el barrio de Whitechapel.  Necesitábamos más. Uno no era suficiente. La primera en caer fue una mesilla de noche, de madera color cerezo,  que estaba condenada a pasar los próximos meses en el trastero. El segundo un mueble de televisión, teñido hace años con betún de judea, en el que guardamos una montón de peliculas en VHS. :O

Lo sé. Falta la foto del “antes”. Pongo toda mi fe en  vuestra imaginación. 🙂 Con que notéis el efecto que daa este tipo de pintura a los muebles, me doy por satisfecha. Ya no hay excusa. Compra un bote de Chalk Paint y manos a la tiza. Seguro que tienes algún mueble por casa que necesita un aire nuevo. Además existe una amplia gama de colores, y son todos super chulos.

¡Ah! Y muy importante,  no dejéis de visitar a vuestra familia (aunque sea la política) nunca sabes que sorpresas tiene preparadas la vida para ti. Incluso esperando dentro de un coche en doble fila….

La cómoda en pleno proceso de secado.
En esta imagen podéis apreciar el color inicial de la mesita..
Al mueble de la tele, en esta imagen,  aún le quedaban un par de capas por aplicar.
¡Qué tengáis una feliz semana!